viernes, marzo 13, 2009

In memoriam

Blanca Varela (Agosto de 1926 – Marzo de 2009)
Una de las poetas más importantes de Latinoamérica, formaba parte de la generación peruana de poetas denominada del 50´. Comienza su quehacer literario al ingresar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos donde conoce a muchos poetas e intelectuales que ella admiraba como Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson y a quien fuese tiempo después su esposo, el pintor peruano Fernando de Szyszlo. Datos de su familia, infancia y adolescencia se encuentran muy bien documentados en los últimos libros dedicados a ella, que en los últimos años han ido en aumento como parte de un reconocimiento extenso y creciente.

Tras casarse con De Szyszlo, viajó junto a él a París (1949) donde tuvo la oportunidad de conocer a múltiples figuras intelectuales y artísticas de su época. París era el lugar de la post guerra pero a la vez el espacio para una nueva sensibilidad y una nueva razón, aquella ardiente razón propia del mágico surrealismo. Allí conoció a Octavio Paz, quien les tendería puentes a otros importantes escritores como, por ejemplo, Julio Cortazar; aunque fuera siempre Paz quien le sirviera de guía. Su relación con la poesía, como camino y forma de ser, se ve influenciada fuertemente al vincularse a figuras como André Bretón, Jean Paul Sartre o Simone de Beavior.

Fue Octavio Paz -como cuenta Giovanna Pollarolo en su pequeña pero amena introducción a la edición de una selección de cuatro de sus poemarios hecha por el Instituto Nacional de Cultura (INC)- quien algunos años después decidiera publicar el primer libro de poesía de Varela. La poeta tenía en mente para éste el título “Puerto Supe” -aquel puerto en la provincia limeña de Barranca a 200km de la capital donde ella había pasado varios veranos de su infancia y adolescencia-, a lo que Paz contestara con la objeción: ¡Muy Feo! La reacción de Varela sería entonces la palabra final: “Pero Octavio, ese puerto existe.” Y así se tituló: “Ese puerto existe”, tras la conformidad de Paz.

Después de este primer libro, Varela publicaría “Luz de día” (1963), “Valses y otras falsas confesiones” (1971), “Canto Villano” (1978); siempre animada por sus amigos más cercanos y renuente a la publicidad y a la “fama”. El Fondo de Cultura Económica (México) reuniría tiempo después los poemarios publicados hasta ese momento bajo el título “Canto Villano” (1986) y diez años después lo reeditaría con el añadido de otros dos libros más; “Ejercicios Materiales” y “El libro de Barro”. Para el año 2000 aparecería su último escrito “El falso teclado”.

Se podría decir que por las influencias de surrealistas y existencialistas la poesía de Blanca Varela es una que no sólo tiende a la ruptura (como las dos corrientes antes mencionadas lo hacen) con la tradición, sino que para ella esa ruptura se despliega en un rehusarse a caer en la repetición de un estilo o una retórica que la hundan en lo fácil o vacío de las palabras “correctas”. Con eso, su visión es siempre personal así como sus preguntas e imágenes de lo que difícilmente puede ser dicho con palabras. La vida y su finitud, esperanza y sinsentido, tiempo y vacío es a lo que su poesía puede enfrentarnos si nos adentramos en la naturaleza humana a la que ella invita, sin ninguna promesa necesariamente feliz. Como dice G. Pollarolo, Blanca Varela: “No escribe para complacer ni para agradar ni para obtener reconocimiento u homenaje” (Cfr. Pollarolo 2005: 19). Y, a pesar de eso, entre los reconocimientos más importantes que le han sido concedidos últimamente cuentan:

- Premio Octavio Paz (México – 2001)
- Premio Federico García Lorca (España - 2006)
- Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (España – 2007)
- Medalla Gran Oficial del Congreso de la República del Perú (Perú – 2007)

Pero, tanto así como el surrealismo le dio nuevos aires y amplió toda posible imagen de la realidad, surrealismo que influenciara en ella de manera directa (además de la estadía en Francia y la relación con sus poetas y pensadores) a través de sus maestros E. A. Westphalen y César Moro, su contacto con José María Arguedas le reveló la herida que todos los peruanos tienen por el hecho de serlo, aquella oscuridad y aquella promesa que constituyen la identidad escindida entre dos mundos y sin mundo (el problema del mestizaje – que todos somos – y la exclusión histórica del indígena), como la misma Varela dice: “A él le debe mi poesía no la forma ni la intención inmediata, sino su paisaje más profundo, algo semejante a la sangre o a las raíces” (Cfr. Dreyfus/Silva-Santisteban 2007: 24).

De esta manera, la poesía de Blanca Varela muestra no sólo un manejo y un juego con las palabras y el lenguaje que nos impele a profundizar, sino que sobre todo, por la complejidad de su propia mirada, permite múltiples registros y dimensiones por donde abordar e investigar esa misma profundidad, que puede ser la búsqueda de la verdad que duele, pero que se presenta como lo más concreto en la duda y en la poesía.

De esa pluralidad de posibilidades nació uno de los últimos libros publicados por el Fondo Editorial del Congreso del Perú, que es un conjunto de ensayos y estudios críticos sobre la poesía de Blanca Varela, homenaje a su vez, a una poeta: “Nadie sabe mis cosas, reflexiones en torno a la poesía de Blanca Varela.” (La bibliografía, dicho sea de paso, es hoy en día muy amplia y permite, una vez leída su poesía, desarrollar muchos de los temas identificados por la crítica en su literatura o vida).

Será cuestión ahora de leerla y seguir, a través de uno de los posibles caminos, alguno que nos acerque más a aquello que su palabra pueda evocar.

Bibliografía:

Dreyfus/Silva-Santisteban, Mariela/Rocio
2007. Nadie sabe mis cosas. Reflexiones en torno a la poesía de Blanca Varela. Perú: Fondo Edit. Del Congreso del Perú

Muñoz, Olga
2007. Sigiloso Desvelo: La poesía de Blanca Varela. Perú: Fondo Edit. PUCP.

Varela, Blanca
2005. El libro de barro y otros poemas. Perú: Instituto Nacional de Cultura.


1 comentario:

Ego Trascendental dijo...

In Memorian A.H.H,
escrito por Alfred Tennyson

Canto CXXI

Sad Hesper o'er the buried sun
And ready, thou, to die with him,
Thou watchest all things ever dim
And dimmer, and a glory done:

The team is loosen'd from the wain,
The boat is drawn upon the shore;
Thou listenest to the closing door,
And life is darken'd in the brain.

Bright Phosphor, fresher for the night,
By thee the world's great work is heard
Beginning, and the wakeful bird;
Behind thee comes the greater light:

The market boat is on the stream,
And voices hail it from the brink;
Thou hear'st the village hammer clink,
And see'st the moving of the team.

Sweet Hesper-Phosphor, double name
For what is one, the first, the last,
Thou, like my present and my past,
Thy place is changed; thou art the same.

El poema completo en: http://en.wikisource.org/wiki/In_Memoriam_A._H._H.